Las grietas que abrimos: relatos de mujeres desobedientes
- aliciamumulmea

- 10 mar
- 3 Min. de lectura
El pasado 8 de marzo me invitó el Instituto Municipal de Cultura y Arte de Cajeme a impartir un taller literario que, a su vez, contemplara temas relacionados con el marco conmemorativo del Día Internacional de las Mujeres. Es para mí un gran honor compartir las experiencias que surgieron en ese espacio, donde Karla, Eli, Malú y Carolina, contribuyeron a crear un espacio seguro para la expresión creativa y reflexiva.
Primero nos centramos en un ejercicio que nos permitió explorar los mandatos de feminidad que identificaron a lo largo de su vida. Compartimos experiencias propias y de mujeres de nuestras familias, como mamás, tías y abuelas.
El objetivo de este ejercicio fue que identificaran un momento de sus vidas donde ellas decidieron desoír esos mandatos por insatisfacción, rebeldía o desafío. Así, las participantes escribieron un texto breve donde recuperaron ese "no" que les permitió estudiar, ejercer una carrera, criar y cuidar desde sus propios términos, según sus posibilidades.
Para cerrar el taller leyeron sus textos con mucha disposición y recibimos cada uno con un cálido aplauso. Yo estuve muy contenta por escuchar cómo a partir de estas reflexiones, la escritura funcionó como vehículo de afirmación y autorreconocimiento.
Solicité la autorización de todas para publicarlos y aquí están los resultados.




No puedes ser policía
Un día mi mamá y mi abuela me dijeron que no podía estudiar para ser policía. Que cómo me iba a ir a Hermosillo a estudiar lejos y menos a ser policía, que eso era un trabajo de hombres, que era muy peligroso. Yo me sentía con el valor de poder lograrlo y me fui sola a esa ciudad a hacer los exámenes para entrar a la academia de policía estatal.
Fue difícil porque entramos 60 personas y sólo dos éramos mujeres. En el primer mes mi compañera ya no regresó, se le hizo muy pesado; pero yo continué, más por orgullo porque todos me decían que no iba a poder, y menos porque eran puros hombres.
Logré salir con honores en mi generación. Fui la única mujer en esa ocasión. Logré salir con trabajo, fui encargada del personal y, con el paso del tiempo, he obtenido logros y cargos.
Cada vez que regreso a casa y veo la foto de mi generación, sonrío y digo: “pude y podré con lo que me proponga en la vida”. Actualmente estoy por terminar mi licenciatura, ya que en mis tiempos se me negó estudiar y entré a la policía por ser un estudio gratuito, pero esta oportunidad me ha dado todo lo que tengo en la vida.
Elizabeth E.

Mi voz al fin se escuchó
Llamaba “rebeldía” a seguir mis propios pensamientos cuando me decían: “No te va bien porque no haces lo que te digo”. A pesar del paso del tiempo, nunca dejé de creer en mí y así me mantengo hasta el día de hoy, tratando de cortar las cadenas de esa imposición y reclamar, al fin, el derecho a escribir mi propia historia.
Malú

El hada madrina
Me fui lejos a hacer lo que quería. Esa tarde, solas, tuviste la valentía para decirme “quédate porque yo sola no podré”. La maleta para una chica con grandes sueños de profesionista ya debería estar lista. Un día después saldría a evaluarme a otra ciudad y poder así cumplir a esa promesa de ser comunicóloga. Pero tú soltaste esa tarde un abanico de trípticos de universidades de nuestra ciudad. El ancla perfecta para medir miedos y establecer una ruta más segura y tal vez fácil para ti, mujer mamá soltera. Llega en ese momento una mujer, la nina, que, si bien me bautizó ante una fe, también fue el aparecer como un hada madrina: “déjala hacer lo que ella desea, ya verás pronto cómo solucionar”. Compró al día siguiente mi madre mi boleto para dejarme ir lejos de ella a estudiar sola la universidad. Pude saber que las hadas existen, ella era mujer.
Carolina Muñoz Amparano

Una mujer que ayude a otras
Este ejercicio de concientizar y conocer el derecho a decidir por mí me hace darme cuenta de que puedo ser una mujer que ayude o empodere a otras a conocer las grietas. Para hacer lo que decidan, como yo pude hacerlo al estudiar en su momento, sin sentirme culpable y lograr tener igualdad sustantiva en derechos a diario. Y que los hombres y las mujeres caminemos y lo logremos juntos, con respeto, ya que la vida es muy valiosa.
Karla Gtz.


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