Dolor y gozo
- Idalia López Carrillo

- 26 dic 2024
- 2 Min. de lectura

Vivir es un sube y baja constante. La tranquilidad y la estabilidad son ideales que, parecieran lo mejor que puede suceder, pero lo cierto es que se disfrutan porque están rodeadas de exabruptos que nos llevan a desearlas, buscarlas y tratar de alargarlas. A los extremos del balancín están el dolor y el gozo contrapuestos cada uno atrayendo hacia sí las situaciones de la vida.
El dolor es esa molestia constante como piedra en el zapato, como astilla en el dedo que seguirá punzando hasta que tomemos acción. Rehuimos del dolor que nos alerta, que viene a incomodar, a sacudir la cotidianeidad para que miremos hacia donde se producen la angustia, el sufrimiento.
Enfrentar el dolor requiere esfuerzo, tal vez pérdida y tomar valor de los cajones más profundos del archivo que construye la memoria. Allá donde se escondió la personita que fue sola a hacer un trámite, que reclamó su lugar en la fila, que cruzó la calle con el corazón en la garganta. Despojar al dolor de su armadura, tocarlo, verlo, dejar que se hinche de nuestros sentipensares para atenuarlo es un ejercicio agotador.
En contraste, el gozo es un placer intenso y parece pequeño como ese pastel delicioso que se termina de improviso o el paseo agradable que hizo más corto el día. El gozo revitaliza, alimenta la seguridad, nos devuelve la esperanza y resplandecemos con sonrisas y miradas tiernas.
Durante los momentos de gozo, la vergüenza y los miedos se quedan detrás de la puerta, en el gozo nos exponemos a la vida; buscamos formas de alargar su estadía, compartimos los recuerdos, miramos las fotos, escuchamos la música que nos regresa a esos momentos para sentir de nuevo, aunque sea un placer más chiquito.
El gozo y el dolor se acompañan, pelean por los espacios de la memoria. A veces, uno pesa más que el otro y tenemos días, semanas, incluso meses, con un filtro gris en la mirada. A veces, un solecito nos encandila, dejamos de ver penurias y nos reconfortamos con su calor.
¿Podemos experimentar el gozo a pesar del dolor? Yo creo que sí, que cuando el dolor nos constriñe y acorrala buscamos pequeños placeres que le acorten los aguijones. Es cuando volvemos a los recuerdos lindos, nos pintamos las uñas, buscamos caricias o bailamos en la cocina mientras hacemos un guiso reconfortante. Pero hay que dejar al dolor hacer su trabajo, que corte, que sangre para dar paso a la cicatriz.
El balancín se inclina cada cierto tiempo, así que tanto el gozo como el dolor van a estar ahí toda la vida. Hay un refrán que dice: “Ni el mal tiempo ni el buen tiempo duran mucho tiempo”, y aunque parece que el dolor es más largo, el gozo también tiene su racha.

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